miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un mantel oloroso a pólvora

Durante varios años me he dado a la tarea de rescatar los testimonios de los serranos siguiendo el itinerario del viaje que en 1920 llevó a Venustiano Carranza desde Aljibes (a un costado de San Salvador, El Seco) hasta el lugar de su muerte en Tlaxcalantongo (distrito de Xicotepec de Juárez); tuve oportunidad de entrevistar y de escuchar los testimonios orales de varias personas que de alguna manera participaron directa o indirectamente en la recepción al mandatario por los pueblos y rancherías donde pernoctó y donde entró en contacto con la gente del pueblo.
Ese contacto dejó una huella profunda en muchas familias que conservan las anécdotas como una riqueza familiar y siguen transmitiéndolas a sus descendientes a través del relato oral, como es el caso de Godeleva Hidalgo Alvarez, hija de Modestita Alvarez (mi tía-abuela), quien cuenta que su mamá atendió a Carranza y a su comitiva en Patla a la hora de la comida, que Carranza durmió la siesta en su casa cansado de tantas desveladas; que al otro día del homicidio del presidente, su mamá le salvó la vida a Luis Cabrera Lobato, quien regresó huyendo de Tlaxcalantongo.
O como el caso de don Alfredo Picazo Albarrán, hijo de don Heliodoro Picazo, quien comenta que le ofrecieron hospedaje a Carranza en su casa de Tlaltepango y que en la tarde, mientras su papá herraba los caballos de los fugitivos, él le alumbraba con una vela mientras Carranza se reía de la escena que arrojaba su sombra en la pared.
De la misma manera, en Ixtacamaxtitlán conocí la casa de las Señoritas Lobato, tías de Luis Cabrera Lobato y escuché el relato de la hija del peluquero que le recortó la barba al Varón de Cuatro Ciénegas.
En este espacio escribiré las crónicas que narran los acontecimientos del paso de Carranza por la Sierra norte de Puebla.

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