
14. Santa María Coatepec
Los fugitivos hacen un pequeño descanso, se enteran que están en Santa María Coatepec, el poblado que desde Aljibes se dibujaba en la colina, mientras esperan que la caravana avance, la comitiva principal descansa en una choza, Carranza pide un vaso con agua, lo recibe, antes de llevarlo a la boca le introduce una moneda de cobre, luego toma el contenido de tres tragos.
Le decíamos papá Carranza
Le decíamos Papá Carranza porque nos dio la vida. Perdió la vida él y nos dejó que comer. ¡Primero Dios! sí no, dónde estuviéramos…En esa época de la revolución, cuando Carranza pasó por primera vez para ir a Veracruz no había qué comer, no había trabajo, pura guerra entre uno y otro bando y muchos muertos; fue cuando él ordenó a los hacendados que nos dieran cosas de comer, porque el rico ya encerró el maíz en las trojes, ya no nos daba de comer. La tierra de cultivo la sembraba el rico hasta aquí, abajo del encino; nosotros sembrábamos puro pedregal, puro monte, no se podía cosechar nada… ¡A ver! Comer metzale, comer biznaga, comer cebada, todo lo que se podía; metzale del maguey que le raspaban pa´comer. Ahora decimos muy pomposas, ¡Ay, no! yo sólo como tortillas blancas. ¡Ay, no! a mí no me gusta esto… Ojalá así hubiéramos vivido nosotras pero no se podía. ¿Qué cuántos hijos tuve? Tuve catorce hijos pero no todos se criaron, eran épocas difíciles para que los escuincles crecieran.
Mi papá fue delicado, no nos dejaba salir ¿Qué cosa van a ver? Qué no hay cosas que hacer en la casa para que se anden divirtiendo de la gente? ¿Por qué no se meten? Y si no obedecías pues ahí estaba el chicotito.
Ese día que le digo nos habíamos escapado. Eso de los muertos fue allá, en el camino real, cuando Carranza pasó por Santa María luego que lo derrotaron en Rinconada. Mi hermana estaba como de catorce años, yo estaba chica como ahorita esta niña; se llamaba Porfiria mi hermana la mayora. Yo andaba de ociosa por las milpas y que veo unos bultos, me regreso y le digo: Piria, vente a ver, ahí están durmiendo unas gentes, ya los moví y no se paran. Que viene ella, que me regaña y me dice: ¡Qué cabrón vienes a ver a estos! son difuntos, vámonos qué… Y nos venimos, allá los dejamos. ¿Quién sabe qué fin tuvieron?
Mi mamacita, que en paz descanse su alma, siempre anduvo muy apurada ayudándole en todo a mi papá, por eso no se dio cuenta que pasaron unos de tropa huyendo por este rumbo, pasaron por el patio de la casa donde teníamos unos chiquigüites con trigo y centeno para engordar a los cochinos. Los destaparon y los volvieron a tapar. Cuando regresó mi mamá dijo: ¿Ora quién cabrón regó mi trigo? ¡Pues quién sabe, mamá, yo no lo vide! Y es que habían echado ahí el dinero y lo taparon luego con el trigo y mi mamacita, que en paz descanse su almita, no lo vido. Luego pasaron los obregonistas. ¡A ver, quítense de ahí escuincles! Y empezaron a revisar todos los chiquigüites, a regar el trigo por todas partes. Cuando le avisaron a mi papá vino corriendo, le contamos lo que pasó y nos regaño: ¡A ver, pendejos, no arpiamos el trigo, ahora miren, ya se llevan el dinero! Pues quién, quién se los va a quitar, eran obregonistas y andaban eufóricos con su triunfo… Los soldados de Papá Carranza ya había dejado el dinero para huir y nosotras, babosas, no nos dimos cuenta.
Mi papa se llamaba Antonio Gómez Hernández, pa’que negarlo, Dios lo castiga a uno… Sí, porque dice uno mentiras y no, no es bueno. Mi mamá se llamaba María Cristina Hernández… No, nunca fui a la escuela; le digo a usté que nosotras crecimos al estilo de los burros. No había profesores, no había profesoras, nada había. ¿A dónde nos iban a mandar?Testimonio de Piedad Gómez Hernández. Julio de 1982, Santa María Coatepec, Puebla.
LA CRUZ ROJA MEXICANA
Tlaxcala, mayo 12.- Agregadas a los trenes militares salieron esta mañana las brigadas de la Cruz Roja Mexicana, las que llevan una competente dotación de medicinas y aparatos de cirugía. Van, además, médicos y practicantes en buen número.
Oficialmente se nos informó ayer en el Cuartel General de la primera división del Ejército Liberal Revolucionario, de las tropas revolucionarias a las órdenes de los generales Jesús M. Guajardo, Pedro M. Morales, Manuel Sosa Pavón y Máximo Rojas, siguen combatiendo tenazmente con los soldados que custodian los trenes del señor Carranza, los cuales se encuentran al sur de Huamantla, imposibilitados de seguir el destino a Veracruz.
Cinco días han estado peleando las tropas revolucionarias con las que manda el general Francisco Murguía. De acuerdo con los informes recibidos en los centros militares, así como en los ferrocarriles, el señor Carranza, acompañado por el general Rafael de la Torre, ha estado varias veces en el lugar de la refriega y ha dado órdenes personalmente en los momentos en que el tiroteo era más intenso.
Además de los elementos numerosos que salieron a Puebla bajo las órdenes de los generales Jacinto B. Treviño y Francisco Cosío Robelo, ayer, por orden del general de División Pablo González, salieron con destino a San Marcos dos baterías de cañones de setenta cinco milímetros; dieciséis ametralladoras y un regimiento de caballería.
Se nos dijo que los convoyes presidenciales no podrán marchar más allá de donde se encuentran, pues además de que los tanques de agua fueron desprovistos del líquido elemento, hay diecisiete largos trenes de carga con las máquinas muertas, entre Rinconada y Esperanza, ocupando todos los escapes.
El Corresponsal en Apizaco
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